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Lo que el viento me llevó

26 Abr

Ay que ver lo que el viento fue capaz de llevarme cuando vivía en Cádiz. Efectivamente, me llevó en un barco de vela y este fin de semana pasado me llevó un montón de polen de pino a mi habitación.

Cuanto más de cuando en cuando voy a Cádiz, más curioso me parecen ciertos fenómenos, como la forma de hablar, ciertas expresiones y algunas costumbres.

Tanto en mi tierra natal, La línea de la Concepción, como en San Fernando, Chiclana o Cádiz es importante saber de un día para otro qué viento vas a padecer. Y puedo decir que en Madrid he perdido la noción del viento. En Madrid capital, cuando sopla el viento, da igual de dónde venga, sopla y yasta, pero en Cádiz, no.

Saber qué viento vas a tener hace que cambie hasta lo que vas a cocinar al día siguente. Sí, pues si la mar está muy picada, ya hay peces que no vas a encontrar en el mercado y si encima tu marido es pescador, te toca tenerlo en casa. No sólo eso, si sopla levante, como seca se puede tender la ropa, pero solo cuando esté bajando la marea porque si no con la marea alta se intensifica la fuerza y sale volando. Si hace poniente todo lo contrario, se crea una humedad fresca en el ambiente, que en invierno no te hace ningún bien, así que las mujeres no van a la peluquería, porque el peinado no les aguanta.

En mi caso, influía en que si los fines de semana iba a entrenar Vela, si hacía levante, me quedaba “estudiando”, no se podía salir al mar.

La cuestión es que en toda mi vida de gaditana recuerdo muy pocos días sin viento.

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