Sweden

24 Nov

Hace…  ¡dios mío 15 años! que estuve en Suecia por primera vez. Mi visita fue a una ciudad que se llama Lund, al sur de este gélido país cerquita de Malmö. Lund era una ciudad bastante agradable, el centro era pequeñito pero cómodo y estaba cerca del instituto al que yo tenía que ir cada mañana. Mi intercambio sueco, Eva, no vivía precisamente cerca del centro, pero daba igual, porque las comunicaciones allí eran excelentes.

No sé porqué esta mañana recordé el momento en el que me dicen que me conceden la beca y mis padres acceden a que vaya a Suecia. Genial, la intención es ir a un país donde se hable inglés pero que los chicos/as con los que estamos de intercambio no sepan español, para que ambos estemos en igualdad de condiciones.

Jamás íbamos a estar en igualdad de condiciones, ya que ellos al menos tienen los canales de televisión en inglés y nosotros, no tenemos en los institutos ni profesores nativos y mucho menos nos hablaban en inglés, aunque no sean nativos. 

Mi caso y el de Martín, otro compañero español eran un poco diferentes, pues ambos veníamos yendo a academias de idiomas desde bastante pequeños y la verdad es que ambos, teníamos más cara que espalda y muy poca vergüenza. Nada más llegar, nos encontramos con una de las chicas suecas, cuyo nombre no recuerdo. Yo, que no me callo ni bajo agua, empiezo a hacerle preguntas (los que me conocen saben que soy capaz de mantener conversaciones hasta con una muda). El resto de españoles un poco pavos se quedan ahí mirando como si yo estuviese cometiendo la mayor de las atrocidades, excepto Martín, (que he de decir volvió y estuvo muchos años saliendo con una de las chicas suecas del intercambio), también participaba de la encuesta. En Cádiz encontré un recorte de una entrevista que nos hicieron y mi foto de peque del periódico local de Lund… ay, qué joven. 🙂

Gracias a lo petarda que soy descubrí que existía Ikea, las lingonberrys (que son unas bayas rojas mu chicas y mu ácidas), que con esas bayas se hace una salsa para aderezar las albóndigas, que la mejor comida de los suecos es el desayuno, que H&M era una tienda donde comprar ropa muy barata, que los macdonals allí tenían donuts, muy ricos por cierto y que los bosques en Suecia están llenos de cuervos. Luego aprendí un poco de sueco, pero eso ya es otra historia. De hecho de este intercambio tengo tantas historias… qué divertido es vivir.

Mientras recordaba cosas de mi primer periplo sueco, recordé olores que sólo se perciben allí y recordé que en mi segundo viaje, esta vez a Estocolmo conocí los KanellBullen, que son unos nudos de masa dulce con un millón de canela y azúcar tan grandes como un plato hondo.

¡ÑAM!

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