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Aquí

9 Ene

Ya estoy en Madrid y para llegar aquí tuve que coger un tren.

La estación de tren más cercana a Chiclana es la de San Fernando, una estación nueva, donde todo es tan automático que cuando llevas tu billete impreso de la compra online, tienes que pararte en la ventanilla a coger un billete sin valor para pasar los tornos. Una solución que es un retraso.

Cuando vuelves de tu casa con una maleta que pesa más que tú y una gata y un ordenador pequeñito y tu bolso, te faltan manos. Así que dejaron pasar a mi padre al anden con la maleta para que me ayudara a subirla al tren. Una vez allí, en la parada del Puerto de Santa María se sube una chica, la que va a ir a mi lado y me dice: “es eso un gato, porque yo soy alérgica, así que hay que sacar al gato de aquí”… después de seguir diciendo un montón de tonterías, se sienta y no estornudó en todo el viaje.

En un viaje en tren puedes encontrarte a gente que conoces y vuelve de las vacaciones de navidad. Este no fue mi caso, me vi rodeada de un montón de estudiantes que venían con unos maletones, mucho más grande que los míos y ellos me describían qué les había metido sus madres en las maletas. Una de ellas llevaba un pollo, garbanzos, tocino y todos los ingredientes necesarios para hacer un “puchero”. Otro llevaba un juego se sartenes para cuando su madre va a verles porque dice que las del piso de estudiante son malísimas. Otra chica, llevaba ropa de su hermana, porque los padres dan por sentado que la hermana estudiará en Madrid el año que viene y vivirán juntas… y así todos me contaron sus historias y puedo decir que tuve un viaje bastante ameno.

Aunque los viajes de vuelta suelen ser un poco pesados.

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