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Miles de rayos de sol

16 Ene

9:00 de la mañana, podómetro en la cadera para aprovechar el día tan bonito que se presenta. 9.264 pasos y 4,63 kilómetros más tarde llego a casa y escribo este post, porque no puedo dejar pasar la sensación de regalo que he tenido.

Me gusta mucho de las grandes ciudades ver cómo se levantan. En Nueva York fue fácil, porque con el jetlag que tenía a las 7 de la mañana tenía ya la cama revuelta de taparme y destaparme con intención de salir de ella.

En Madrid, este verano con la huelga de metro pude ver como a las 8 de la mañana la puerta del Sol estaba perfectamente vacía con una luz qué solo el sol matutino sabe proyectar y poco a poco veía como la ciudad se iba formando.

Un domingo en Madrid no es menos, ves jóvenes y no tan jóvenes que se recogen, niñas en tacones imposibles de calzar que ya no pueden con sus pies. Otros deportistas que llevan un buen rato entrenando y algunos que comienzan su actividad. Cafeterías que abren sus puertas y turistas dispuestos a ser los primeros de la fila en las colas de los museos. Padres con hijos que deben mantener el horario de cole y no les han dejado descansar además de gente que pasea sus perritos…

Mientras Madrid se despierta y yo con ella, me compro mi periódico, me siento en una terraza en la Plaza de la Independencia, mirando a la imponente Puerta de Alcalá, me pido un capuccino y miles de rayos de sol me apuntan y me dan su calor, mientras en mi ipod suena Wake Up. En ese momento me doy cuenta de que lo que estoy viviendo es un lujo que no tiene precio y casi me duermo con el sol en la cara y con lo a gusto que estoy y por primera vez afirmo lo que me dijo Covi el martes, “un día te levantas y estás bien contigo misma”.

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